Una gotita de agua en la ventana
silbidos de tetera en la cocina
el tic-tac del reloj de la vecina
es hora de tomar una tisana.
Olor húmedo al subir la persiana
el aire tibio ondea la cortina
tintinean las hojas de la encina
olvidando el sopor de la mañana.
Caen hilillos de plata del tejado
repiquetean las rojas baldosas
el patio queda limpio en un momento
Las caricias del sol me han despertado
respiro la secillez de las cosas
la vida es bella porque estoy contento.
sábado, 28 de abril de 2007
viernes, 27 de abril de 2007
Modificación de uno de mis antiguos sonetos (Ocellum)
Áureas aguas y de plata un camino,
de la plata que va al campo estrellado
al santo viejo un templo dedicado
doble estandarte para el peregrino.
De la edad oscura tu luz más bella
por el brillo de oriente iluminada
atalaya de cárcel desdentada
el maduro azahar tu cielo sella.
La señora de su hermano manchada
se hizo arco donde luce su hermosura
la sana vejez de la bien guardada.
Quien fue digno de maternal ternura
de esa madre que en soledad tú amas
vio en ti lugar para su sepultura.
de la plata que va al campo estrellado
al santo viejo un templo dedicado
doble estandarte para el peregrino.
De la edad oscura tu luz más bella
por el brillo de oriente iluminada
atalaya de cárcel desdentada
el maduro azahar tu cielo sella.
La señora de su hermano manchada
se hizo arco donde luce su hermosura
la sana vejez de la bien guardada.
Quien fue digno de maternal ternura
de esa madre que en soledad tú amas
vio en ti lugar para su sepultura.
viernes, 20 de abril de 2007
¿Qué hay de Martín-Vigil?
A un fan como yo soy de La vida sale al encuentro no le puede dejar de interesar el paradero actual de su autor. ¿Sigue vivo?. Ni siquiera de eso estoy seguro, aunque me inclino a pensar afirmativamente, ya que ha escrito un prólogo a una nueva edición de su libro en Homo Legens, que parece bastante reciente, y en la que se hace referencia también a un encuentro de Martín Vigil con sus antiguos alumnos del Apóstol Santiago (donde se descubre que La vida sale al encuentro tiene un toque autobiográfico, pues el Padre Urcola es el mismísimo Martín Vigil, y se pone nombre y apellidos reales a Ignacio Sáez de Ichaso y Falcón) de la promoción de oro, del 50-51. ¡Qué envidia me dan!, cómo me gustaría tener de viejo un reencuentro con mis compañeros de promoción, y celebrar que se hubiera escrito un libro basado en nuestras vivencias colegiales, y que fuera leído por todos los adolescentes españoles, y que las quinceañeras soñaran con Ignacio como su príncipe azul, y que Ignacio fuera yo... (vuelta a la cruda realidad).
El caso es que hay otras facetas del autor que todavía no he conseguido esclarecer del todo, ya que la información que he encontrado en Internet es bastante escasa. Sé por ejemplo que se salió de jesuita, pero no sé cuál fue exactamente la razón, tal vez la incompatibilidad de su faceta novelística con la vocación ignaciana (algo parecido le pasó a Gracián, y posteriormente fue uno de los autores más leídos en el resto de Europa). También siguió escribiendo un montón de libros, cuyos protagonistas eran casi siempre adolescentes. También por los títulos parece deducirse una deriva progresiva de Martín Vigil hacia cuestiones sociales (ambientes marginales, minería, etc.) aunque no tengo ni idea de cuál es su postura teológica.
¡Qué daría por haber tenido un cura como él en mi colegio! (no tengo ninguna queja con los que tuve, al contrario, pero creo que ninguno escribirá un libro sobre mí), en el fondo creo que soy un nostálgico de una Compañía de Jesús que no llegué a conocer, de los jesuitas como vanguardia de la Iglesia en todos los campos de la sociedad, un papel que se supone que ahora cumple el Opus Dei (y los Legionarios de Cristo, Comunión y Liberación...) pero que no sé por qué, a mí no me produce las mismas vibraciones que los jesuitas de antaño. ¡Si tan sólo fuera medio siglo más viejo! ¡qué de cosas hubiera visto sin perderme las presentes!.
El caso es que hay otras facetas del autor que todavía no he conseguido esclarecer del todo, ya que la información que he encontrado en Internet es bastante escasa. Sé por ejemplo que se salió de jesuita, pero no sé cuál fue exactamente la razón, tal vez la incompatibilidad de su faceta novelística con la vocación ignaciana (algo parecido le pasó a Gracián, y posteriormente fue uno de los autores más leídos en el resto de Europa). También siguió escribiendo un montón de libros, cuyos protagonistas eran casi siempre adolescentes. También por los títulos parece deducirse una deriva progresiva de Martín Vigil hacia cuestiones sociales (ambientes marginales, minería, etc.) aunque no tengo ni idea de cuál es su postura teológica.
¡Qué daría por haber tenido un cura como él en mi colegio! (no tengo ninguna queja con los que tuve, al contrario, pero creo que ninguno escribirá un libro sobre mí), en el fondo creo que soy un nostálgico de una Compañía de Jesús que no llegué a conocer, de los jesuitas como vanguardia de la Iglesia en todos los campos de la sociedad, un papel que se supone que ahora cumple el Opus Dei (y los Legionarios de Cristo, Comunión y Liberación...) pero que no sé por qué, a mí no me produce las mismas vibraciones que los jesuitas de antaño. ¡Si tan sólo fuera medio siglo más viejo! ¡qué de cosas hubiera visto sin perderme las presentes!.
domingo, 8 de abril de 2007
The Hobbit (II)
Como lo prometido es deuda, no voy a desaprovechar este breve paréntesis de la Semana Santa, que me permite cumplir propósitos formulados en épocas poco propicias por la gran carga de trabajo. El caso es que había dicho que iba a hacer un comentario sobre El Hobbit en cuanto terminase el libro, y hete aquí que me he ventilado incluso El Silmarillion, con su entrada correspondiente, y de El Hobbit, ni pío.
No voy a volver a coger el libro, ya que mi intención es mostrar aquello que se me ha quedado grabado en la mente. Por ejemplo podría intentar nombrar de nuevo a los trece enanos: Durin, Bofur, Bifur, Bombur, Balin, Dalin, Kili, Fili ... parece que la memoria me traiciona... [búsqueda en Internet]..., pues resulta que no es Durin, sino Thorin, que él me perdone, tampoco es Dalin, sino Dwalin (este error es menos grave), y no me venía a la cabeza la primera ristra de enanos: Dori, Nori, Ori, Oin y Gloin (mira que olvidarme del padre de Gimli...). Del dragón si que me acuerdo: Smaug (no confundir con el malvado Glaurung de El Silmarillion), cuyo principal punto débil es la vanidad, por culpa de la cual muestra su punto débil a Bilbo.
Muy interesante el duelo de acertijos entre Bilbo y Gollum, el cual ya conocía por las referencias que se hacen en El Señor de los Anillos, pero no sabía cuáles eran los acertijos con los que se habían ido desafiando (he de confesar que no fui capaz de adivinar la solución de alguno de ellos, espero no tener que jugarme jamás la vida en esa circunstancia). El encontronazo de los enanos con los elfos del Bosque Negro, que también se menciona en El Señor de los Anillos, las arañas gigantes, también en el Bosque Negro, los trolls, los hombres del lago, la Montaña Solitaria... pero como personaje más curioso me quedo con Beorn, el hombre-oso, servido por animales, un personaje tan llamativo como Tom Bombadil en El Señor de los Anillos.
Resumiendo, El Hobbit es un libro divertido, se lee de un tirón, y es totalmente intrascendente, un cuento para niños que gusta a los mayores. ¿Para cuándo la peli?.
No voy a volver a coger el libro, ya que mi intención es mostrar aquello que se me ha quedado grabado en la mente. Por ejemplo podría intentar nombrar de nuevo a los trece enanos: Durin, Bofur, Bifur, Bombur, Balin, Dalin, Kili, Fili ... parece que la memoria me traiciona... [búsqueda en Internet]..., pues resulta que no es Durin, sino Thorin, que él me perdone, tampoco es Dalin, sino Dwalin (este error es menos grave), y no me venía a la cabeza la primera ristra de enanos: Dori, Nori, Ori, Oin y Gloin (mira que olvidarme del padre de Gimli...). Del dragón si que me acuerdo: Smaug (no confundir con el malvado Glaurung de El Silmarillion), cuyo principal punto débil es la vanidad, por culpa de la cual muestra su punto débil a Bilbo.
Muy interesante el duelo de acertijos entre Bilbo y Gollum, el cual ya conocía por las referencias que se hacen en El Señor de los Anillos, pero no sabía cuáles eran los acertijos con los que se habían ido desafiando (he de confesar que no fui capaz de adivinar la solución de alguno de ellos, espero no tener que jugarme jamás la vida en esa circunstancia). El encontronazo de los enanos con los elfos del Bosque Negro, que también se menciona en El Señor de los Anillos, las arañas gigantes, también en el Bosque Negro, los trolls, los hombres del lago, la Montaña Solitaria... pero como personaje más curioso me quedo con Beorn, el hombre-oso, servido por animales, un personaje tan llamativo como Tom Bombadil en El Señor de los Anillos.
Resumiendo, El Hobbit es un libro divertido, se lee de un tirón, y es totalmente intrascendente, un cuento para niños que gusta a los mayores. ¿Para cuándo la peli?.
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sábado, 7 de abril de 2007
Semana Santa
Un libro menos: He devorado el Silmarillion en inglés en mucho menos tiempo de lo que me costó leerlo en castellano, lo cual se explica principalmente por dos razones: ya conocía la historia y estaba familiarizado con la mayoría de los personajes, mientras que la primera vez que abordé el libro me volvía loco intentado diferenciar a Fingolfin de Finarfin, y éstos a su vez de Fingon o de Finrod, un auténtico lío; por otra parte, la prosa del Silmarillion está hecha para ser leída en versión original, ya que el tono grandioso que Tolkien quiere dar a su narración resulta pesadísimo traducido a nuestro idioma.
Ahora mismo, cuando estoy escribiendo esta entrada, me viene a la mente el recuerdo de una de las narraciones más impactantes del libro, que no pertenece al Quenta Silmarillion, sino al Akallabêth (que recoge la historia de Númenor), y que describe el ataque de los numenoreanos contra los Poderes del Oeste. Concretamente, me he quedado con la impresionante imagen de las águilas de Manwë desafiando a los hombres en preparativo de guerra:
"Then the Eagles of the Lords of the West came up out of the dayfall, and they were arrayed as for battle, advancing in a line the end of which diminished beyond sight; and as they came their wings spread ever wider, grasping the sky. But the West burned red behing them, and they glowed beneath, as though they were lit with a flame of great anger, so that all Númenor was illumined as with a smouldering fire; and men looked upon the faces of their fellows, and it seemed to them that they were red with wrath."
Y a pesar de la amenaza de las águilas, los muy cabezotas de los numenoreanos decidieron seguir con sus planes de invasión del país de los Valar, y claro, así fue como todos sabemos que les fue. Y es que la decadencia de Númenor es uno de los hechos más tristes narrados en el Silmarillion, ya que aunque los elfos también hicieron de las suyas (las tres matanzas de elfos a manos de elfos, o el abandono de las casas de Fingolfin y de Finarfin en los hielos de Helcaraxë), no llegaron a los extremos de realizar sacrificios humanos en honor de Melkor. En fin, que este libro merece la pena ser leído, pero en lengua inglesa por favor, que no en vano Tolkien es el auténtico inventor de la mitología británica (también está la leyenda del rey Arturo, pero como dice Tolkien, se trata de mitología que, aunque geográficamente transcurra en suelo británico, culturalmente está ligada a toda la Europa cristiana, y contiene elementos cristianos, lo cual parece que le quita pureza al relato mitológico).
¡Ah!, y ya estoy enfrascado de lleno en la lectura de Isabel la Católica, el enigma de una reina. El libro promete, y dará para una entrada jugosísima. ¡Si todavía estoy en los prolegómenos, por Enrique IV, y la cosa no puede estar más interesante!.
Ahora mismo, cuando estoy escribiendo esta entrada, me viene a la mente el recuerdo de una de las narraciones más impactantes del libro, que no pertenece al Quenta Silmarillion, sino al Akallabêth (que recoge la historia de Númenor), y que describe el ataque de los numenoreanos contra los Poderes del Oeste. Concretamente, me he quedado con la impresionante imagen de las águilas de Manwë desafiando a los hombres en preparativo de guerra:
"Then the Eagles of the Lords of the West came up out of the dayfall, and they were arrayed as for battle, advancing in a line the end of which diminished beyond sight; and as they came their wings spread ever wider, grasping the sky. But the West burned red behing them, and they glowed beneath, as though they were lit with a flame of great anger, so that all Númenor was illumined as with a smouldering fire; and men looked upon the faces of their fellows, and it seemed to them that they were red with wrath."
Y a pesar de la amenaza de las águilas, los muy cabezotas de los numenoreanos decidieron seguir con sus planes de invasión del país de los Valar, y claro, así fue como todos sabemos que les fue. Y es que la decadencia de Númenor es uno de los hechos más tristes narrados en el Silmarillion, ya que aunque los elfos también hicieron de las suyas (las tres matanzas de elfos a manos de elfos, o el abandono de las casas de Fingolfin y de Finarfin en los hielos de Helcaraxë), no llegaron a los extremos de realizar sacrificios humanos en honor de Melkor. En fin, que este libro merece la pena ser leído, pero en lengua inglesa por favor, que no en vano Tolkien es el auténtico inventor de la mitología británica (también está la leyenda del rey Arturo, pero como dice Tolkien, se trata de mitología que, aunque geográficamente transcurra en suelo británico, culturalmente está ligada a toda la Europa cristiana, y contiene elementos cristianos, lo cual parece que le quita pureza al relato mitológico).
¡Ah!, y ya estoy enfrascado de lleno en la lectura de Isabel la Católica, el enigma de una reina. El libro promete, y dará para una entrada jugosísima. ¡Si todavía estoy en los prolegómenos, por Enrique IV, y la cosa no puede estar más interesante!.
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domingo, 25 de marzo de 2007
Un libro menos
Para mi alivio ya he terminado uno de los libros que estaba abordando simultáneamente. Como ya hice una recensión del libro, me limitaré a comentar algunos hechos que no había leído aún al escribir la otra entrada, y que me han llamado bastante la atención.
El primer episodio curioso aparece en el capítulo 13 (Los hombres del Rey), y aunque me avergüenza un poco comentarlo, ya que se trata de un cotilleo más que de otra cosa, no deja de tener su interés. Resulta que en el viaje que Felipe II realizó a Inglaterra para consumar su matrimonio con María Tudor (y aquí uno no puede dejar de preguntarse cómo hubiera cambiado la Historia de España si de esa unión hubiese surgido un vástago, que hubiese heredado conjuntamente Inglaterra y los Países Bajos. Quién sabe, tal vez ahora tendríamos un Reino Unido católico, y los flamencos no nos hubieran dado tanto la lata en el siglo XVII) le acompañaba uno de sus hombres más cercanos, don Gómez Suárez de Figueroa, conde de Feria, posteriormente duque. Allí en Inglaterra conoció a una dama de la corte, lady Jane Dormer, cuyo retrato se conserva en el Museo del Prado (supongo que será éste que pongo abajo), y que por alguna oscura razón le pareció una beldad (a mí por el cuadro no es que me atraiga mucho que digamos) y decidió casarse con ella pese a la oposición familiar. En efecto, su madre, doña Catalina Fernández de Córdoba le tenía preparada una boda con una sobrina del duque, con el fin de unir las casas de Feria y de Priego. Cuando su hijo le comunicó que se casaba con la inglesa, su madre puso el grito en el cielo, pues ya por aquella época, por razones religiosas, la reputación de las inglesas en España no era muy buena (algunos hoy dirían que las inglesas tienen "muy buena reputación"). A tal extremo llegó la cosa que doña Catalina llegó a recurrir al mismísimo padre Laínez (quien fuera el segundo Prepósito General de la Compañía de Jesús) para hacer entrar en razón a su hijo. El buen jesuita, con buen sentido, tranquilizó a la madre, pues Jane Domer por lo visto era una bellísima persona, y de ella diría don Álvaro de la Quadra que "... cierto, es muy gentil señora y de muy santas costumbres..." así que finalmente el duque de Feria se salió con la suya, y pudo presumir en España de su exótica conquista.
Otro asunto muy curioso está relacionado con el testamento del Rey. Mencionando en una cláusula las reliquias que no debían enajenarse bajo ningún concepto (Felipe II era un apasionado de las reliquias, llegando a atesorar más de 7400), hace alusión también a otros objetos que debían conservarse, y que no eran reliquias, sino pura superchería: ¡seis cuernos de unicornio!. Por lo visto el Rey creía en la existencia de ese animal fabuloso, y en las propiedades milagrosas que se le atribuían a su cuerno, que aumentaba la potencia viril de su dueño. Y ya se sabe que los asuntos de alcoba son esenciales para la perpetuación de la dinastía, así que un poco de superstición no iba a hacer mucho daño...
Un episodio más serio es la conjura del pastelero de Madrigal, de la que yo no había leído nada anteriormente. Como la historia es un poco larga, mejor visitar este blog, donde se explica estupendamente.
Por último, la agonía del Rey. De esa sí que ya sabía cosas, pero cuando se vuelve a leer no deja de impresionar: La gota que le hace insoportable hasta el peso de la sábana, un tumor maligno en la pierna, que los médicos le sajan para que supure, llagas por todo el cuerpo debido a la inmovilidad, mal funcionamiento del vientre que obliga a hacerle una abertura por donde expulsar los excrementos... Pero lo mejor de todo es cuando llama al pusilánime de su hijo, futuro Felipe III, para que viera que los reyes también son hombres mortales: "...porque véais en lo que paran las monarquías deste mundo..."
En fin, cuatro perlas de un libro que ha merecido la pena leer, pese a su extensión. Ahora, ¡a por Isabel la Católica!.
El primer episodio curioso aparece en el capítulo 13 (Los hombres del Rey), y aunque me avergüenza un poco comentarlo, ya que se trata de un cotilleo más que de otra cosa, no deja de tener su interés. Resulta que en el viaje que Felipe II realizó a Inglaterra para consumar su matrimonio con María Tudor (y aquí uno no puede dejar de preguntarse cómo hubiera cambiado la Historia de España si de esa unión hubiese surgido un vástago, que hubiese heredado conjuntamente Inglaterra y los Países Bajos. Quién sabe, tal vez ahora tendríamos un Reino Unido católico, y los flamencos no nos hubieran dado tanto la lata en el siglo XVII) le acompañaba uno de sus hombres más cercanos, don Gómez Suárez de Figueroa, conde de Feria, posteriormente duque. Allí en Inglaterra conoció a una dama de la corte, lady Jane Dormer, cuyo retrato se conserva en el Museo del Prado (supongo que será éste que pongo abajo), y que por alguna oscura razón le pareció una beldad (a mí por el cuadro no es que me atraiga mucho que digamos) y decidió casarse con ella pese a la oposición familiar. En efecto, su madre, doña Catalina Fernández de Córdoba le tenía preparada una boda con una sobrina del duque, con el fin de unir las casas de Feria y de Priego. Cuando su hijo le comunicó que se casaba con la inglesa, su madre puso el grito en el cielo, pues ya por aquella época, por razones religiosas, la reputación de las inglesas en España no era muy buena (algunos hoy dirían que las inglesas tienen "muy buena reputación"). A tal extremo llegó la cosa que doña Catalina llegó a recurrir al mismísimo padre Laínez (quien fuera el segundo Prepósito General de la Compañía de Jesús) para hacer entrar en razón a su hijo. El buen jesuita, con buen sentido, tranquilizó a la madre, pues Jane Domer por lo visto era una bellísima persona, y de ella diría don Álvaro de la Quadra que "... cierto, es muy gentil señora y de muy santas costumbres..." así que finalmente el duque de Feria se salió con la suya, y pudo presumir en España de su exótica conquista.
Otro asunto muy curioso está relacionado con el testamento del Rey. Mencionando en una cláusula las reliquias que no debían enajenarse bajo ningún concepto (Felipe II era un apasionado de las reliquias, llegando a atesorar más de 7400), hace alusión también a otros objetos que debían conservarse, y que no eran reliquias, sino pura superchería: ¡seis cuernos de unicornio!. Por lo visto el Rey creía en la existencia de ese animal fabuloso, y en las propiedades milagrosas que se le atribuían a su cuerno, que aumentaba la potencia viril de su dueño. Y ya se sabe que los asuntos de alcoba son esenciales para la perpetuación de la dinastía, así que un poco de superstición no iba a hacer mucho daño...
Un episodio más serio es la conjura del pastelero de Madrigal, de la que yo no había leído nada anteriormente. Como la historia es un poco larga, mejor visitar este blog, donde se explica estupendamente.
Por último, la agonía del Rey. De esa sí que ya sabía cosas, pero cuando se vuelve a leer no deja de impresionar: La gota que le hace insoportable hasta el peso de la sábana, un tumor maligno en la pierna, que los médicos le sajan para que supure, llagas por todo el cuerpo debido a la inmovilidad, mal funcionamiento del vientre que obliga a hacerle una abertura por donde expulsar los excrementos... Pero lo mejor de todo es cuando llama al pusilánime de su hijo, futuro Felipe III, para que viera que los reyes también son hombres mortales: "...porque véais en lo que paran las monarquías deste mundo..."
En fin, cuatro perlas de un libro que ha merecido la pena leer, pese a su extensión. Ahora, ¡a por Isabel la Católica!.
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sábado, 24 de marzo de 2007
El buen alemán
Dos buenas películas consecutivas vistas en el cine es ya mucha casualidad, así que la tercera tenía que tener alguna pega: es un tostón de principio a fin. Iba con el amigo habitual, el que no le gusta el cine español (aunque teniendo como opciones Lola, la película y la de Santa Teresa tampoco estaba yo por la labor) y con otro más, también habitual, y su novia, a la que hacía mucho que no veía.
Entramos en la sala con la película recién comenzada, y nos damos cuenta de que es en blanco y negro —mal empezamos—. El reparto es bueno, pero eso no soluciona nada: está Galadriel, que pierde mucho cuando no podemos admirar su bella cabellera rubia; está el de los anuncios del Corte Inglés, protagonista de la película para más inri; también se puede ver, aunque por poco tiempo, a Spiderman.
Admiro las tomas del Berlín de la posguerra (dos días después iba a estar en ese mismo lugar), y el fundido entre esas imágenes de documental y las escenas de la película (aunque mi amigo, el que denosta el cine patrio, dice que en Cuéntame lo hacen mejor).
Galadriel, mujer fatal, va poco a poco desentrañando su oscuro secreto, pero la verdad es que cuando nos desvela su traición a su raza (y no precisamente a la de los Noldor) con la vulgar excusa de que "tenía que sobrevivir", y se sube a un avión en una escena que podría haber usado la Lufthansa el año pasado para celebrar su 80 aniversario, uno llega a la conclusión de que qué lastima de 6 euros y pico, que hubieran estado mejor invertidos en una copichuela en compañía de una chica, aunque no fuese Galadriel. Para colmo, mi cabezonería me llevó a apostar que era Scarlett Johansson y no Naomi Watts quien protagonizaba The Ring, así que la próxima vez tendré que invitar a mi amigo al cine. Espero que los 300 no me decepcionen.
Entramos en la sala con la película recién comenzada, y nos damos cuenta de que es en blanco y negro —mal empezamos—. El reparto es bueno, pero eso no soluciona nada: está Galadriel, que pierde mucho cuando no podemos admirar su bella cabellera rubia; está el de los anuncios del Corte Inglés, protagonista de la película para más inri; también se puede ver, aunque por poco tiempo, a Spiderman.
Admiro las tomas del Berlín de la posguerra (dos días después iba a estar en ese mismo lugar), y el fundido entre esas imágenes de documental y las escenas de la película (aunque mi amigo, el que denosta el cine patrio, dice que en Cuéntame lo hacen mejor).
Galadriel, mujer fatal, va poco a poco desentrañando su oscuro secreto, pero la verdad es que cuando nos desvela su traición a su raza (y no precisamente a la de los Noldor) con la vulgar excusa de que "tenía que sobrevivir", y se sube a un avión en una escena que podría haber usado la Lufthansa el año pasado para celebrar su 80 aniversario, uno llega a la conclusión de que qué lastima de 6 euros y pico, que hubieran estado mejor invertidos en una copichuela en compañía de una chica, aunque no fuese Galadriel. Para colmo, mi cabezonería me llevó a apostar que era Scarlett Johansson y no Naomi Watts quien protagonizaba The Ring, así que la próxima vez tendré que invitar a mi amigo al cine. Espero que los 300 no me decepcionen.
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