viernes, 26 de enero de 2007

Marian y el conde Fosco

Prometí una entrada cuando terminase de leer la Dama de Blanco, y aquí estoy cumpliendo mi promesa, lo cual tiene mucho mérito teniendo en cuenta la escasa probabilidad de que alguien me lea.

Aunque el narrador principal sea Walter Haltright, la víctima del engaño sea Laura Fairlie y el título del libro se refiera a Anne Catherick, parece como si el autor quisiese transferir el protagonismo a los otros dos personajes principales de la obra: Marian Halcombe y Fosco. Pocas veces he visto un ejemplo literario de amor fraternal más hermoso como el que une a Marian y a Laura, a pesar de ser hermanastras y desiguales en herencia y en rango social. Y qué maravilla leer el diario de Marian, registro detallado de todos los hechos acaecidos en Blackwater Park, qué tensión al ir descubriendo poco a poco los manejos del conde y la colaboración sumisa de su mujer... Aunque no crea mucho en la interpretación de los sueños (sobre todo de los míos), ¿alguien me puede citar uno más sugerente que el que profetiza a Marian el regreso de Walter Haltright?.

En fin, que esto no tenía nada que ver con Orgullo y Prejuicio, aunque Limmeridge pudiera compararse con las posesiones de Darcy en Pemberley, mientras que Blackwater Park me ha recordado más bien a Cumbres Borrascosas (¡Dios mío!, que pasión tan violenta la que bullía en el interior de Emily Brönte, con qué fuerza se hubiera echado a los brazos de su amado, si lo hubiese tenido). La construcción de la intriga es perfecta, demasiado en ocasiones, la resolución demasiado redonda, con algún recurso al Deus ex maquina, pero ¡qué se le va hacer!, estamos todavía en 1860 y Sir Arthur Conan Doyle apenas si habría comenzado a andar. Si la construcción de la trama no nos satisface del todo, ¿qué importa, si aún nos queda el conde Fosco?.

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