Parece mentira que a punto ya de cumplir veintiséis años, todavía no haya asimilado bien este ritual social de las salidas nocturnas. Claro que mi trayectoria vital, que hizo que no empezara a frecuentar pubs y discotecas hasta tener veinte años (salvo una vez que fui con dieciséis, sin saber que no debía, aunque me lo olía), no ha favorecido mucho mi inclinación por este tipo de antros en los que se supone que uno se lo pasa mejor que en cualquier otro sitio.
El primer factor que me dificulta la diversión es el ruido. Yo ya tengo suficientes dificultades para socializarme como para encima tener que elevar la voz por encima de mis límites, aprender a leer los labios de los demás o comerle la oreja a una chica para contarle una gracieta. El ruido atrofia mi capacidad para hilvanar una conversación interesante, en la que se intercambien más de cuatro o cinco frases, con la cual poder atraer la atención de los que me rodean, de modo que la mayor parte de mi tiempo la paso pegado a algún corrillo, intentando enterarme a duras penas de lo que se dice, y riendo cuando los demás se ríen, aunque no sepa de qué.
Otro aspecto que detesto es el tabaco. Sencillamente no soporto que al llegar a casa en invierno a las 5 de la madrugada tenga que poner rápidamente toda mi ropa a lavar, y colgar mi abrigo en el tendedero para que se airee, pues si los metiera en mi habitación ésta apestaría inmediatamente a tabaco (y aún tomando estas precauciones uno no amanece oliendo a flores precisamente). La verdad es que ya que se aprobó la Ley Antitabaco, podrían haberla hecho al estilo de la italiana o irlandesa, donde los fumadores se tienen que fastidiar y salir a fumar a la calle, también en los pubs. Ya sé que esto suena muy antiliberal, opresor y elenasalgadiano, pero es que, de verdad, el tabaco apesta.
También me enfada bastante entrar a locales donde uno no encuentra sitio para dejar su abrigo sin peligro de que alguien derrame su copa encima. La verdad es que anoche me llevé una sorpresa agradable al entrar en un garito con guardarropa gratuito, así que les voy a hacer publicidad (es un decir): La Chocita Sueca (búscala en esta página). Y es que al precio que se cobran las copas, los dueños de los pubs y discotecas podrían tener un poco de consideración con su clientes y poner más perchas por las paredes (ni menciono los sitios pijísimos donde encima de pagar la copa a 8€ o más, si tienen guardarropa te lo cobran aparte).
Esto no ha hecho más que comenzar, la marcha nocturna tiene otros muchos inconvenientes que merece la pena comentar, pero esto se hará en una próxima entrada (no hago esto por falta de creatividad, lo de escribir más de una entrada por el mismo tema, sino porque tengo mucho sueño, anoche salí hasta las tantas y mañana me levanto a las 6:30, la vida nocturna es lo que tiene).
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