Dos buenas películas consecutivas vistas en el cine es ya mucha casualidad, así que la tercera tenía que tener alguna pega: es un tostón de principio a fin. Iba con el amigo habitual, el que no le gusta el cine español (aunque teniendo como opciones Lola, la película y la de Santa Teresa tampoco estaba yo por la labor) y con otro más, también habitual, y su novia, a la que hacía mucho que no veía.
Entramos en la sala con la película recién comenzada, y nos damos cuenta de que es en blanco y negro —mal empezamos—. El reparto es bueno, pero eso no soluciona nada: está Galadriel, que pierde mucho cuando no podemos admirar su bella cabellera rubia; está el de los anuncios del Corte Inglés, protagonista de la película para más inri; también se puede ver, aunque por poco tiempo, a Spiderman.
Admiro las tomas del Berlín de la posguerra (dos días después iba a estar en ese mismo lugar), y el fundido entre esas imágenes de documental y las escenas de la película (aunque mi amigo, el que denosta el cine patrio, dice que en Cuéntame lo hacen mejor).
Galadriel, mujer fatal, va poco a poco desentrañando su oscuro secreto, pero la verdad es que cuando nos desvela su traición a su raza (y no precisamente a la de los Noldor) con la vulgar excusa de que "tenía que sobrevivir", y se sube a un avión en una escena que podría haber usado la Lufthansa el año pasado para celebrar su 80 aniversario, uno llega a la conclusión de que qué lastima de 6 euros y pico, que hubieran estado mejor invertidos en una copichuela en compañía de una chica, aunque no fuese Galadriel. Para colmo, mi cabezonería me llevó a apostar que era Scarlett Johansson y no Naomi Watts quien protagonizaba The Ring, así que la próxima vez tendré que invitar a mi amigo al cine. Espero que los 300 no me decepcionen.
sábado, 24 de marzo de 2007
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