domingo, 4 de marzo de 2007

La Latina de noche

Barrio frecuentadísimo de la noche madrileña, conocido más por los foráneos que por los naturales. Locales minúsculos, muchedumbres apretadas, precios elevados... Anoche hubo noche marchosa con un grupo de procedencia diversa: Andalucía, Murcia, Comunidad Valenciana, Navarra, Francia... Naturalmente los primeros marcaban el ritmo de la juerga: bulerías, saetas, palmas, zapateados... cena —carísima, por cierto— en el Sanlúcar: patatas con atún en escabeche, tortilla de camarón, adobes de Sanlúcar (cazón, supuse yo), ternera con salsa de queso, bocadito (riquísimo) de serrano, pimiento frito y ternera. Para beber, un par de cañas, si bien los sureños le dieron al fino. La broma salió por 15 € por barba, cuando sólo habíamos picado un poco de cada plato, (sospecho que los finos tuvieron la culpa).

Larga velada de cuatro horas en La Joyería (Calle de la Cruz, 33), mucha niña mona, mucho bailoteo —Bisbal, Bustamante, Melendi, tonos rumberos, flamencos, salseros, merengues, sevillanas, un poco de todo, vamos— Las copas se subían rápido, por la escasa ingesta anterior. Los de abajo triunfando una y otra vez (la verdad es que las niñas eran muy enrolladas). La Joyería no está mal del todo, hay bastantes perchas, pero tiene un defecto: pocos sitios donde dejar tu copa vacía. Consecuencia: necesario echar mano de una especie de acomodador, que con linterna en mano busca las copas y botellas abandonadas a lo largo de los rodapiés.

Cierre a las cuatro. Discusión en el grupo (¿seguimos?), yo no doy más de mí, una chica de las nuestras se escapa. Por supuesto, yo también me largo con ella. Sendos búhos cogidos por los pelos en Cibeles. El mío (el N21) se va llenando de forma alarmante —¡Échense hacia atrás!, grito conminatorio del conductor, que provoca las rechiflas del personal. En Moncloa, cojo a tiempo el 901 (Laus Deo!) , intenso aroma a hierba: hay cosas que nunca cambian.

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