sábado, 7 de abril de 2007

Semana Santa

Un libro menos: He devorado el Silmarillion en inglés en mucho menos tiempo de lo que me costó leerlo en castellano, lo cual se explica principalmente por dos razones: ya conocía la historia y estaba familiarizado con la mayoría de los personajes, mientras que la primera vez que abordé el libro me volvía loco intentado diferenciar a Fingolfin de Finarfin, y éstos a su vez de Fingon o de Finrod, un auténtico lío; por otra parte, la prosa del Silmarillion está hecha para ser leída en versión original, ya que el tono grandioso que Tolkien quiere dar a su narración resulta pesadísimo traducido a nuestro idioma.

Ahora mismo, cuando estoy escribiendo esta entrada, me viene a la mente el recuerdo de una de las narraciones más impactantes del libro, que no pertenece al Quenta Silmarillion, sino al Akallabêth (que recoge la historia de Númenor), y que describe el ataque de los numenoreanos contra los Poderes del Oeste. Concretamente, me he quedado con la impresionante imagen de las águilas de Manwë desafiando a los hombres en preparativo de guerra:

"Then the Eagles of the Lords of the West came up out of the dayfall, and they were arrayed as for battle, advancing in a line the end of which diminished beyond sight; and as they came their wings spread ever wider, grasping the sky. But the West burned red behing them, and they glowed beneath, as though they were lit with a flame of great anger, so that all Númenor was illumined as with a smouldering fire; and men looked upon the faces of their fellows, and it seemed to them that they were red with wrath."

Y a pesar de la amenaza de las águilas, los muy cabezotas de los numenoreanos decidieron seguir con sus planes de invasión del país de los Valar, y claro, así fue como todos sabemos que les fue. Y es que la decadencia de Númenor es uno de los hechos más tristes narrados en el Silmarillion, ya que aunque los elfos también hicieron de las suyas (las tres matanzas de elfos a manos de elfos, o el abandono de las casas de Fingolfin y de Finarfin en los hielos de Helcaraxë), no llegaron a los extremos de realizar sacrificios humanos en honor de Melkor. En fin, que este libro merece la pena ser leído, pero en lengua inglesa por favor, que no en vano Tolkien es el auténtico inventor de la mitología británica (también está la leyenda del rey Arturo, pero como dice Tolkien, se trata de mitología que, aunque geográficamente transcurra en suelo británico, culturalmente está ligada a toda la Europa cristiana, y contiene elementos cristianos, lo cual parece que le quita pureza al relato mitológico).

¡Ah!, y ya estoy enfrascado de lleno en la lectura de Isabel la Católica, el enigma de una reina. El libro promete, y dará para una entrada jugosísima. ¡Si todavía estoy en los prolegómenos, por Enrique IV, y la cosa no puede estar más interesante!.

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