Rechaza la sed de libros —dice Marco Aurelio—, para morir no con lamentos, sino con serenidad.
Así comienza el sexto capítulo de "El trabajo intelectual", de Jean Guitton, editado por Rialp en la colección Biblioteca del Cincuentenario. Actualmente no estoy siguiendo en absoluto el sabio consejo del emperador estoico, ya que mis lecturas abarcan mucho más de lo aconsejable para la serenidad de mi espíritu.
Después de acabar El Hobbit, del que aún tengo una crítica pendiente, mis lecturas en inglés continúan con la obra de Tolkien, concretamente con el libro en el que se asientan los pilares fundamentales de la mitología tolkieniana: El Silmarillion. Yo ya lo había leído en español, y la impresión que me produjo entonces fue la de un libro sin estructura coherente (lo cual es lógico, tratándose de una recopilación póstuma de textos del autor publicada por su hijo Christopher), en ocasiones pesadísimo, reiterativo, con una multitud de nombres imposible de memorizar, pero con un despliegue sencillamente magistral de toda una tradición mitológica sustentadora de un mundo imaginario. Esto último justifica sobradamente la lectura del libro pese a los inconvenientes antes mencionados, pero si además se tiene acceso a la obra en inglés, se podrá disfrutar de un bellísimo texto épico capaz de producir escalofríos de placer hasta en las mentes más impermeables a los encantos de la literatura fantástica.
Por otra parte, continúo con la lectura de Felipe II y su tiempo, que aunque dé la impresión —por el tiempo que me está llevando acabarlo— de que me está pareciendo un tostón, en realidad lo estoy disfrutando bastante. El problema es que al tratarse de una edición poco manejable, no lo quiero llevar diariamente en el transporte público, y sólo lo leo los fines de semana, robando tiempo a otras tareas también necesarias (como el cultivo de mi escasa vida social).
Para cuando lo termine, tengo esperando en mi estantería un libro que me trajeron los Reyes Magos el año pasado sobre Isabel la Católica, El Enigma de una Reina, escrito por José María Javierre. En un principio no tenía muchas ganas de leer este libro, en primer lugar, porque los Reyes me lo trajeron sin yo habérselo pedido, en segundo lugar, por su extensión, similar a la de Felipe II y su tiempo, y por último, por su autor, que me pareció demasiado entusiasta de la Reina (yo también soy bastante entusiasta, pero a la hora de leer un libro de Historia, me gusta que el autor tenga un poco de mesura). Ahora soy de otro parecer, es verdad que José María Javierre toma partido claramente a favor de Isabel, pero me ha resultado interesante saber que el autor, como buen cura progre que parece ser, tenía inicialmente una visión muy negativa de la Reina (por la Inquisición, la expulsión de los judíos, y todo eso), por lo que ahora me interesa saber por qué razón cambió de opinión, y por lo tanto me leeré el libro.
Además, aprovechando que estamos en Cuaresma, después de leer el mensaje del Santo Padre (un folio por las dos caras), estoy intentando abordar la lectura de una obra de Santa Teresa de Jesús: El Libro de la Vida. La verdad es que no sé cuántas veces he intentado hacer esto anteriormente, pero siempre ocurría que, aunque el comienzo me resultara delicioso, por el lenguaje tan fresco que utiliza la Santa, lo cierto es que cuando empieza a declarar los distintos modos de oración, el libro torna a ser más bien denso e incomprensible, así que nunca he logrado acabarlo. En esta ocasión tengo como aliciente la película que se ha estrenado en España sobre Santa Teresa, como no tengo ninguna intención de ir a verla (una película que se supone que ha escandalizado a la Iglesia Católica, cuando lo que ha pasado en verdad es que los medios de comunicación han confundido una crítica mesurada en una revista cristiana catalana, hecha por un crítico de cine católico, que ni es obispo ni siquiera sacerdote, con un anatema lanzado por la mismísima Jerarquía, y mientras el director y Paz Vega contentísimos con la publicidad gratis que le han hecho los medios de comunicación, pareciendo además que ésta se la ha hecho torpemente la Iglesia, como si la película fuese La Última Tentación de Cristo) he decidido que mejor intento profundizar en las obras de la Santa, lo cual seguro que me resultará mucho más provechoso. He comenzado por el Libro de la Vida porque es el que tengo en casa, y también porque por orden cronológico es el primero que hay que leer. Después puede que pruebe con Las Moradas o Las Fundaciones.
De modo que estoy con tres libros, uno de ellos en inglés, y otro en castellano antiguo, posiblemente algo remozado para mayor comprensión del lector moderno. Además está lo que debería leer en alemán, más todo lo que tengo que leer y escribir en el trabajo, que ahora no viene al caso, y encima escribiendo en este blog: Rechaza la sed de libros, rechaza la sed de libros...
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